El tiempo pasa... nos vamos poniendo viejos... así quedé después de 34 años pasando sobre mi... Hoy voy a celebrar... lo cierto es que no tenía muchas ganas, porque fue el lunes mi cumple y esto de dejarlo para el viernes como que desinfla un poquito los ánimos y con todo el trabajo que tengo en la oficina y eso... pero en fin... algo se hará...
Hoy escuché que alguien acá en la oficina ganó un cupo para un puesto importante en la zona, y entre los comentarios hubo uno que me llamó mucho la atención "El está muy entusiasmado, porque el Jefe Comunal también tiene su visión: Hacer de su ciudad una con gente feliz". Y la verdad es que todos conversaban respecto al interés común de ambas personas, de lo buena clase que son y todo tipo de flores para ellos, lo más sorprendente, sin que estuvieran presentes escuchando los halagos (que si no, ya sería otro cuento).
El punto es que sé de muchos que parten así, a trabajar por el bien común, por que estemos bien y seamos felices... lo que no se y no entiendo... ¿Cuando perdemos el rumbo? ¿Cuando el egoísmo impera? ¿Que opinan?

moreno71
Pienso que eso sucede cuando las buenas intenciones se estrellan de frente con el muro de la dura realidad. Vivimos en una sociedad donde quienes tienen el poder no siempre son quienes vemos o conocemos.
En México existe una leyenda urbana, por decirlo de alguna manera, que dice que cuando un nuevo jefe policiaco asume su cargo es llevado ante el(los) capo(s) del narcotráfico regionales y le presentan en un escritorio dos cosas: una pistola y un maletín lleno de dinero. Y debe elegir entre uno de los dos.
Creo que la mayoría de nosotros, en una situación así (especialmente si tenemos seres queridos que pudieran salir perjudicados) elegiría de la misma manera y saldría de ese cuarto con un maletín en las manos y no con una bala en la cabeza.
Cuando el cumplir tus buenos propósitos no depende sólo de tí, o cuando al iniciar tus funciones descubres que hay mucho más de lo que habías imaginado, lo más seguro es que las buenas intenciones se queden precisamente en eso.
Yo mismo tengo (o tuve, mejor dicho) amigos con quienes me unía una amistad muy estrecha, pero que al llegar ellos a cargos donde se podría temer que tendrían que pagar favores, prefirieron hacer uso de su derecho de permanecer callados.
En fin... pueden ser tantas cosas, que posiblemente nunca se pueda saber con seguridad.
Lo cierto es que sucede todo el tiempo.
Un saludo.